Archive for the ‘Instituto’ Category

Cayó la ficha nomás

Por elalechavez.

Fichitas

Es ir a la cancha sin esperar tanto como antes. Ver como los jugadores se equivocan sin rezongar demasiado por ello. Observar los gestos de un Jorge Ghiso hiperactivo sobre la línea de cal pero hiperdormido para meter un cambio y, así todo, no putearlo. Es cuando al hincha, finalmente, le cae la ficha. Un estado rarísimo en el fútbol argentino en el que la procesión va por dentro. En el que la bronca no se exterioriza como en aquellas tardes en las que se esperaba ver algo distinto, simplemente por eso. Por no exigirle cosas de más a un equipo que se ha visto superado por la situación (a saber: pelear el ascenso).

Porque eso fue lo que le pasó al hincha albirrojo en la derrota 1-2 del sábado ante Tiro Federal. Se dio cuenta que este Instituto no toca como el Arsenal inglés como muchos le vendieron. Que este equipo no juega el mejor fútbol de la categoría como algunos jugadores defendieron inflando el pecho (y el ego) en la primera rueda. Hoy, con el mayor de los respetos, la Gloria ni siquiera puede compararse con Arsenal de Sarandí. Los dirigidos por Ghiso vienen jugando feo desde hace tiempo. Vienen bajando peligrosamente la escalera de su rendimiento con serio riesgo de darse un golpazo, de caerse y no jugar la Promoción.

Entonces los 90 minutos del partido se viven de otra manera. Tan aburrido es lo que se transmite desde el verde césped que, en las tribunas, se habla de cualquier cosa menos de Instituto-Tiro. “Viste lo que pagó el Real Madrid por Cristiano Ronaldo”, le dice un gringo a un canoso de lentes en la platea. “Si, una locura. Ese tipo es un boludo. Hace poco se hizo bosta en una Ferrari”, le contesta el viejo. Ahí nomás se suma otro hincha, uno que mete un bocadillo del partido de la Gloria. “Che, hablando de autos. Romero no hace una. Parece una Ferrari, pero con las gomas pinchadas”, bromea. Y el mismo gringo que inició (y terminó) el diálogo retrucaría luego: “Más que una Ferrari, Romero es un Fiat 600 tuneao”.

Dentro de la cancha las cosas empeoran. Rébola le regala el primer gol a los rosarinos y la gente murmura. Lo maltrata con algunos silbidos, pero hasta ahí nomás. Llega el segundo gol de Tiro y el hincha no entiende nada, no sabe cómo reaccionar. Entonces se acuerda del descenso de Talleres y empieza a cantar. A disfrutar de la desgracia ajena, un recurso tan común como mediocre y triste que, paradójicamente, nos hace alegres. Que en Córdoba llevamos como bandera por falta de cosechas propias.

Fitito Romero descuenta con un zapatazo al ángulo y en la platea todos lo miran al gringo. “Para vos, culiao”, le gritan por hacerse el gracioso, mientras él devuelve una sonrisa. Igual no pasa más que eso. No hay lugar para las reacciones heroicas. El partido termina y la derrota casi que no duele. Las radios nos dicen que Aldosivi y Rafaela también perdieron y las ilusiones permanecen intactas. Esos mismos locutores nos cuentan que ya descendió Talleres y el conformismo vuelve a invadirnos. Hasta aplausos reciben los muchachos de Vitrola cuando se retiran.

Y es que, en Alta Córdoba, cayó la ficha. El hincha reconoció que este Instituto no es ni peor, ni mejor que el resto. Es un equipo más. Uno que todavía tiene chances de ascender, en medio de tanta malaria. Uno que duerme demasiado y que está cerca de derrochar el esfuerzo de un año entero en la última fecha, pero que todavía tiene vida matemática en el certamen.

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¿Ya te olvidaste de tu ex?

Por elalechavez.

Es como convivir años y años con una persona sin terminar de conocerla. Compartir miles de momentos con ella y no descubrir cómo piensa, qué le molesta, qué cosas le gustan, qué cosas le fastidian o le incomodan. Volver a la casa de esa ex novia que no termina de cerrar sus heridas. Que no se banca que la hayas dejado o cambiado por otra y que está dispuesta a pasarte la factura. A recordarte tus errores de adolescente. A castigarte con tu pasado, esperando que sólo agaches la cabeza.

Eso fue el Instituto de Jorge Ghiso para Atlético de Rafaela. Un agachador de cabezas serial ante la furia de la Crema. Porque Vitrola supo ser el entrenador del equipo santafesino. Porque allí dirigió a Damián Toledo, a Alejandro Faurlin y a Ezequiel Lázaro. Tres jugadores que se llevó a la Gloria, que el domingo fueron titulares y que conocen hasta el más mínimo detalle de la cancha de Atlético. Que aún recuerdan sus pozos o “el arco más grande”. En fin, que no son ajenos a los secretos de su antiguo hogar.

Porque Ghiso se fue mal de Atlético. Porque a Lázaro lo insultaron en todos los idiomas. Porque Faurlin no pudo hacer su juego en ese terreno en el que supo brillar. Porque Toledo no le agarró la mano nunca a la marca. Y, principalmente, porque Instituto no incomodó nunca a su rival. No presentó oposiciones ante ese Rafaela que muchos decían conocer. Por eso, cuando el partido finalizó, a nadie le sorprendió el marcador. La Crema ganó 2-0 un partido clave. Se quedó merecidamente con una verdadera final por la Promoción. Una final que, según la autocrítica de los propios jugadores vestidos de rojo y blanco, no fue encarada como tal por Instituto.

Y, entonces, el circo previo a este choque genera más bronca aún. Esos entrenamientos en los que Vitrola achicaba las dimensiones del Monumental de Alta Córdoba (para asemejarlas a las de Rafaela) generan  el interrogante “¿de qué sirvió?” en las palpitaciones del hincha. Porque la Crema le complicó el partido a Instituto con un recurso mucho más simple: el pelotazo al grandote Visconti. Ese grandote necesario en canchas pequeñas. Ese que te baja con el pecho un despeje de sus propios defensores y lo transforma en situación de gol. Ese que no tuvo la Gloria, que apostó a dos puntas livianitos como Romero y Nadaya. Dos pibes que fueron devorados por el fondo santafesino.

Vitrola no fue el único culpable de la derrota, está claro. El equipo viene jugando feo desde hace rato. Pero el error del DT fue desconocer las virtudes y defectos de su ex equipo. Dejarse prepotear por una hinchada que no le perdona sus campañas de ascensos frustrados. De idas y venidas, de excusas permanentes. Ojalá que Ghiso recupere algo de su autoestima para la recta final del torneo, porque, este domingo, su ex afloró en él la peor cara de su pasado.

La prisión de las presiones

Por elalechavez.
Liberarse de las presiones, el objetivo de la Glo
Liberarse de las presiones, el objetivo de la Glo

En Alta Córdoba los interrogantes giraban. Daban vueltas como una calesita. Mareaban las sensaciones de los hinchas de Instituto ¿Para qué está la Gloria en el torneo? ¿Está para pelear el ascenso realmente? Se preguntaban y repreguntaban los fanáticos albirrojos en la previa al partido con Almagro. Es que ni siquiera la visita de un rival tan modesto como el Tricolor apaciguaba los ánimos de la gente. Almagro venía golpeado, es cierto. Sus jugadores, se sabe, pelean no sólo contra el descenso directo, sino también con una dirigencia que no les paga un peso desde hace tiempo.

Pero al hincha de Instituto eso no le preocupaba. Su mirada se direccionaba hacia otros horizontes: el nivel del equipo de Ghiso en los últimos partidos y esa especie de insatisfacción interna que genera pelear el torneo con un equipo de pibes. Hay una prueba irrefutable. El póster que sacó La Voz después del triunfo sobre Talleres habla por sí mismo. Salvo Tombolini, Frontini y Moreyra, el resto de los jugadores vestidos de rojo y blanco aún conserva ese rostro adolescente. Caras de nenes impertinentes y audaces en algunas situaciones, pero, al mismo tiempo, demasiado jóvenes para cargar con tantas presiones.

El partido comienza en el Monumental y las tribunas parecen impacientes. Los minutos corren y la Gloria no parece ser ese local devora-rivales. Lo ataca, pero sin fuerza, casi con timidez. Avanza, pero sin convicciones. Y las pulsaciones de la gente se aceleran. Hace rato que Instituto se salvó del descenso y el hincha mira la tabla de arriba. Ojea esos números que le dicen que ya ganó Belgrano, que Chaca y Atlético se le están escapando y que Aldosivi le puede arrebatar el puesto de la Promo. Y los pibes, dentro de la cancha, manejan esa ansiedad externa como pueden, se sienten encerrados en una especie de prisión de presiones.

Nadaya la pide. Se equivoca y lo putean. Gagliardi desborda, pero se pasa de revoluciones y tira el centro a cualquier parte. La gente se le agarra con Vitrola. Ponelo a Concistre le gritan. Ghiso hace caso. Lo llama al Pelado, lo saca a Romero, pero se equivoca con el cambio. Y esta vez la liga el DT. De nada sirven los 59 puntos que sus planteos cosecharon, ni sus clásicos ganados, ni su estilo jogo bonito. Nadie se acuerda de eso cuando dejás de ganar.

El partido termina empatado en cero y los interrogantes se develan. A Instituto se le hace cada vez más pesado pelear el ascenso. Almagro, ese mismo club que mandó a la B Nacional a la Gloria en el 2000 y que fue un rival durísimo y dignísimo en la final por el ascenso en el 2004, le deba un cachetazo certero a la ilusión albirroja. Uno que puede servir para poner los pies sobre la tierra, para liberar a este plantel de adolescentes de esa prisión de presiones y devolverles la alegría de jugar. Siendo así, jugando como en la plaza, quizá los pibes de Instituto sean protagonistas en lo que resta del campeonato.