Archive for the ‘Fútbol’ Category

Belgrano provoca ira

Belgrano provoca ira.

Hay algo difícil de explicar con palabras y por ende, muchas veces, se manifiesta en gestos. No es una casualidad que seamos siempre los más violentos en Córdoba. “No se aguantan perder”, dicen. Más vale que no nos aguantamos perder y espero que eso nunca suceda.

Belgrano provoca ira.

Todavía no terminó el partido. Ya apagué la radio. Nunca lo hago. Hoy sí. Perder 3 a 0 contra un equipo de mierda como Sportivo Italiano me provoca violencia. Si tan sólo fuese por este único partido. No. Esto viene hace cinco años. Prender la radio, apoyar la oreja al parlante y esperar… los goles del local, los comentarios de mierda de los relatores, ese gritito que llega, que se escucha de fondo, ese grito de gol de los cien pelotudos que van a ver a esos equipos de mierda, esas populares semivacías con cien pelotudos que se nos cagan de risa, cien pelotudos hinchas de equipos de mierda. La re mil puta madre que los parió.

Belgrano provoca ira.

Cada día me molesta más escuchar los partidos de mi equipo por la radio. Cada día odio más. Cada día, cada fecha, descreo de las palabras que me llegan, aunque estas se acerquen a la realidad. No importa. No les creo. Yo quiero ser el testigo de mis enojos. Ya no quiero la traducción periodística de los sucesivos fracasos de Belgrano. La re mil puta madre que los parió.

Belgrano provoca ira.

Mejor no sigo.

Prendo la radio.

De vuelta.

Al parecer en el momento justo.

Terminó el partido. Confirmo el patético tres a cero.

Mejor no sigo.

Belgrano provoca ira.

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Gol Delorte

El partido era a las 8 de la noche. Los diarios lo decían así, la gente también. Pero TyC se encargó de demostrarnos una vez más que fútbol y televisión van de la mano como padre e hijo (dejando en claro quién ostenta la paternidad en esta gran familia).

A la hora consignada las pantallas de tv transmitían el emocionante partido entre Uruguay y Brasil del premundial de Básquet que se desarrollaba en Puerto Rico. Sentados en un bar, con una cerveza y sin radio, no nos quedó otra que esperar, ajustar el culo a la silla y que los minutos transcurrieran en total incertidumbre. Finalmente, a eso de las ocho y media, encontramos el partido en Bahía Blanca. Veinte minutos del primer tiempo: Olimpo cero, Belgrano cero. Por lo menos no íbamos perdiendo.

Ninguno de los dos equipos jugó bien y relator y comentarista se encargaron de repetirlo una y otra vez, pero siempre intensificaron su enojo con Belgrano. “Creo que los porteños de TyC odian a Belgrano”, me decía mi amigo Andrés mientras veíamos el partido. Puede ser; todos los hinchas de Córdoba sienten lo mismo.

Hay algo que no deja de sorprenderme. Belgrano tiene la capacidad de plantarse de visitante y hacer que todo el desarrollo del partido sea malo, malísimo. Nadie juega bien contra Belgrano. No sé qué extraño hechizo se produce pero todos los partidos de visitante son iguales: el conocido “dolor de ojos”.

Un compacto del partido mostrará más de media docenas de llegadas claras del visitante y algunas menos de Olimpo. Pero, ellos tuvieron un Delorte más grande que una casa, y de pelota parada ganaron el partido. Ninguno de los dos hizo lo debido para quedarse con los tres puntos pero ellos eran locales y pudieron ganar un típico partido de la B Nacional.

Mientras escribo estas líneas la noticia de la renuncia (¿o lo despidieron?) de Labruna ya tiene todo el peso de la certeza. Van tres fechas y hay olor a “cama”.

Ahora vendrá otro técnico.

¿Qué carajo puedo pensar de eso?

El veranito de San Juan

Crónica con título fácil. Las asociaciones caen solas, maduras como este verano falso que nos toca vivir. Se sabe que existe un fenómeno meteorológico al que todos llaman popularmente “el veranito de San Juan”. Se trata de algo así como “frentes fríos subantárticos que no logran subir hacia el norte, por lo que las temperaturas suelen alcanzar valores altos para la época del año”. O sea: hace calor cuando debería hacer frío. Realizando investigaciones posteriores al partido descubrí que el nombre del fenómeno no tiene nada que ver con la provincia cuyana sino con una cuestión religiosa de la que poco entiendo. Así, el calor y la procedencia del equipo sólo me sirvieron para titular esta crónica derrotada. El “veranito” no les corresponde a los sanjuaninos, mucho menos un 3 a 1 en Alberdi.

El partido de ayer se presta para escribir largos párrafos con observaciones pesimistas sobre el juego de Belgrano al que la mayoría de los medios de Córdoba se apresuraron a cumplir. En este punto me animo a diferir y trataré de explicar porqué.

El que vio jugar a Belgrano en los últimos tres años sabe que el equipo casi nunca jugó bien al fútbol. A lo sumo queda en el recuerdo la garra ante las últimas adversidades: las dos promociones con Racing y Central. Pero no mucho más. A mi entender el Pirata generalmente hace muy poco para ganar los partidos y ganar o perder es una cuestión de resultados (que no es poco) pero que no permite analizar el nivel de juego. Es por eso que el 1-3 que le propinó San Martín no es sinónimo de mucho. Sí, el equipo no jugó bien. Perdió contra un rival que hizo poquísimo (bueno, los goles, que con eso basta) pero Belgrano hizo algo raro: no tiró pelotazos. ¿Alcanza esto para mantener mi optimismo? Por ahora sí.

El partido se jugó a las tres y media de la tarde con un calor desubicado. Belgrano arrancó bien, intentado jugar por el piso, tratando de dar pases y buscando profundidad. Todo venía normal. Ninguno de los dos hacía demasiado. Belgrano tenía dominio total de la pelota y los sanjuaninos se limitaban a quedarse con las migajas de posesión que les quedaba. Pero, como el fútbol es fútbol, a los 23 minutos del primer tiempo la defensa celeste se hizo un nudo y dejó un rebote mansito a la altura del área grande, que un jugador de San Martín se encargó de convertir en el primer gol de la tarde. Y así terminó la primera parte.

Ya en el segundo, con Soriano por el pelado Bustos, Belgrano siguió intentando llegar al gol pero se topó con un buen arquero que no sacó muchos tiros al arco pero despejó muchos centros a la olla y una docena de desbordes que el pirata no supo aprovechar. Los minutos corrían y ese mandato de pelota por el piso se fue convirtiendo en “fulbito”: o sea toquecito intrascendente.

En un momento bajaron el trapo gigante para inyectar adrenalina y empuje desde la tribuna. Parece que no funcionó demasiado bien porque los sanjuaninos metieron el segundo y en la popular casi nadie se enteró. Después llegó el tercero y el descuento de Chavarría para redondear una tarde triste.

Muchas crónicas hablaron de “volvió a jugar mal” y de “el equipo se retiró silbado”. Yo no sé qué partido vieron los cronistas y en qué lugar de la cancha se pararon (mejor dicho: se sentaron) pero desde la popular, las cabezas gachas eran el eco de una tristeza obvia y no de un enojo profundo: la gente reconoce el esfuerzo (por ahora) y los aplausos bajaron desde la tribuna para hacerle sentir al equipo que no conviene bajar los brazos y renunciar a una idea un poco más ambiciosa.

Principio de juego

A esta altura, con las primeras fechas ya disputadas, estas palabras se presentan como previa de los encuentros a disputarse. Se sabe que hoy, sábado 29 de agosto, en Alberdi, Belgrano jugará contra San Martín de San Juan. Que mañana domingo Instituto visitará a Independiente Rivadavia de Mendoza. Y que Racing de Nueva Italia será local en el distante Chateau ante Talleres. Los invito a sumarse a este juego. A partir del martes a primera hora estarán todas las crónicas de estos partidos. Seguramente algunos aparecerán antes, pero no queremos generar falsas expectativas. Escribir sobre las emociones del fútbol implica un proceso mucho más profundo que la mera descripción del resultado y el desarrollo del juego. Los esperamos a todos y todas. Un abrazo: Los tres.

Arranca por el aire

En nombre de eldiarodellunes quiero/queremos agradecerles a todos los que nos brindaron/bridan su apoyo día a día. La gente pide a gritos que volvamos a publicar, que no nos durmamo’, que “manga de vagos pongan el culo en la silla y peguenlé a ese teclado”, que “si no empiezan a postear algo iá se va todo al carajo”. Entonces, ante tanta demostración de cariño hemos decidido seguir con nuestra idea, no claudicar en nuestras emociones, comprar una radio con mucho alcance para agarrar los partidos de talleres en todo el territorio de la extensa y hermosa república Argentina y hacer todo lo posible por patear fuera de la cancha a todas las injustas tristezas.

Eso y todo lo que se les cante.

Ahora se vienen los mejores meses de mi vida. Se viene el telefonazo a cualquiera para decirle: “¿nos comemos un asado y vemos Banfield contra Argentinos Juniors?” o “eh, culiado, ayer jugaron Tigre con Lanús y no viniste, sos un puto”. Todo eso, todos esos partidos de mierda que no podíamos ver hoy se transforman en una hermosa realidad televizada por Canal 10. Ahí tené!

Amigos (y amigas ¿por qué no?): vuelve El Diario del Lunes. Y está bien que así sea. Abrazos y hasta la próxima crónica.

El cross a la mandíbula

Por gringo.

belgrano all boys

Lo bueno de no estar atado a la novedad de la noticia me permite relajar un poco las palabras, tomarme mi tiempo para escribir lo que tenga que escribir. Pero esta vez me tardé demasiado.

Hoy (martes) entré a eldiariodellunes con la cabeza gacha, mirando como de refilón a la página por la vergüenza que me causaba el no haber escrito la crónica sobre el partido de Belgrano. Estaba seguro que mis compañeros sí habían hecho la tarea y que yo me ubicaría, como siempre, con los del fondo, los incumplidores e indisciplinados. Fue grande la sorpresa al encontrar todo como la última vez. Se ve que todos andaban tristes y que las palabras quedaron guardadas en el estómago o se fueron en una puteada al delantero, atrapadas en una lágrima, en las manos o en la mirada. Por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. Luego me empujó el compromiso de las voces, del nosilencio, del nocallar y también eso que Arlt describió alguna vez como “el futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo”.

Tremenda introducción para hablar/escribir sobre un partido de fútbol.

Tremenda introducción, justificada y necesaria.

Vi el partido de Belgrano contra All Boys por la tele. Creo que nada me pone más insoportable, intolerante, intratable e insultante que ver los partidos de mi equipo por televisión. No paro de putear, de recriminar y de decepcionarme. Encima con este equipo que tenemos…

En pocas palabras: jugamos horrible. Fue un dolor de ojos y de corazón. Este grupo de jugadores demuestra que no tiene un gramo de alma. Es increíble y tan pero tan frustrante verlos trotar, trabar blandito, patear la pelota para cualquier lado, dar un pase a dos metros y darlo mal. Yo no sé si lo hacen a propósito. No sé cómo hacen para jugar tan mal. All Boys, con casi nada, nos metió el primero en una jugada muy obvia. Tiro libre, amague de centro, pase corto a uno que esperaba solo, SOLO, en el borde del área, éste le pega al arco como pocas veces en su vida y Olave que no puede sacar el disparo. Fue el uno a cero para el local. Luego, en otro tiro libre similar repitieron la jugada ante la inutilidad de la marcación en defensa de Belgrano. Pero como los milagros no suelen suceder dos veces, esta vez la pegó mordido a cualquier lado.

En el segundo tiempo entró Vázquez. El pibe es el único que tiene una mínima idea sobre fútbol. Algo de habilidad en las piernas, un poco de panorama y, lo más importante, a veces piensa. Pero le falta mucho todavía. Lagunea, se pierde, se tira apenas lo tocan… es un pibe. En los primeros quince minutos de la segunda parte Belgrano jugó algo, casi nada, igual parecía que podíamos empatarlo pero llegó el segundo de ellos en otro error muy grosero en la marcación.

Sobre el final llegó el merecido premio para el único jugador que juega, mete, lucha y siente: el Gringo Novaretti. De pelota parada, obvio, porque son raras las veces que armamos jugadas. Quedará para la anécdota el penal que no cobró el malísimo árbitro cuando el partido se moría.

Quiero ponerle apellidos a mi bronca: Berza (aunque no haya jugado sigo pensando que es el peor jugador de la historia), Aldecoa, Cárdenas, Cuevas y otros tantos. Y especialmente a Labruna: son muchas las cosas a reprochar y creo que a veces es mejor no hablar de más. Pero creo que no es la mejor decisión poner a dos pibes (Maidana y Barrios) cuando las papas queman y se necesita a alguien con más chapa y experiencia. Eso se llama quemar jugadores.

Así y todo, teniendo un equipo triste, un montón de jugadores sin alma, sin cabeza, sin piernas, yo pienso (y siento) que nada está dicho. Que en el fútbol hay justicias e injusticias. Que el sueño de ascender está intacto. Que yo, cuando voy a la cancha, los aplaudo y no los insulto. Que quiero ganar. Que se me estruja el corazón con el sólo hecho de pensar en dar una vueltita en Rosario.

Estas son mis palabras. Sin metáforas, sin poesía; con la violencia y la tristeza que me da Córdoba cada vez que se olvida lo que fue. Lo digo por todo y todos.

Un abrazo a mis compas del diarodellunes.

Foto: LAVOZ.com.ar

Cayó la ficha nomás

Por elalechavez.

Fichitas

Es ir a la cancha sin esperar tanto como antes. Ver como los jugadores se equivocan sin rezongar demasiado por ello. Observar los gestos de un Jorge Ghiso hiperactivo sobre la línea de cal pero hiperdormido para meter un cambio y, así todo, no putearlo. Es cuando al hincha, finalmente, le cae la ficha. Un estado rarísimo en el fútbol argentino en el que la procesión va por dentro. En el que la bronca no se exterioriza como en aquellas tardes en las que se esperaba ver algo distinto, simplemente por eso. Por no exigirle cosas de más a un equipo que se ha visto superado por la situación (a saber: pelear el ascenso).

Porque eso fue lo que le pasó al hincha albirrojo en la derrota 1-2 del sábado ante Tiro Federal. Se dio cuenta que este Instituto no toca como el Arsenal inglés como muchos le vendieron. Que este equipo no juega el mejor fútbol de la categoría como algunos jugadores defendieron inflando el pecho (y el ego) en la primera rueda. Hoy, con el mayor de los respetos, la Gloria ni siquiera puede compararse con Arsenal de Sarandí. Los dirigidos por Ghiso vienen jugando feo desde hace tiempo. Vienen bajando peligrosamente la escalera de su rendimiento con serio riesgo de darse un golpazo, de caerse y no jugar la Promoción.

Entonces los 90 minutos del partido se viven de otra manera. Tan aburrido es lo que se transmite desde el verde césped que, en las tribunas, se habla de cualquier cosa menos de Instituto-Tiro. “Viste lo que pagó el Real Madrid por Cristiano Ronaldo”, le dice un gringo a un canoso de lentes en la platea. “Si, una locura. Ese tipo es un boludo. Hace poco se hizo bosta en una Ferrari”, le contesta el viejo. Ahí nomás se suma otro hincha, uno que mete un bocadillo del partido de la Gloria. “Che, hablando de autos. Romero no hace una. Parece una Ferrari, pero con las gomas pinchadas”, bromea. Y el mismo gringo que inició (y terminó) el diálogo retrucaría luego: “Más que una Ferrari, Romero es un Fiat 600 tuneao”.

Dentro de la cancha las cosas empeoran. Rébola le regala el primer gol a los rosarinos y la gente murmura. Lo maltrata con algunos silbidos, pero hasta ahí nomás. Llega el segundo gol de Tiro y el hincha no entiende nada, no sabe cómo reaccionar. Entonces se acuerda del descenso de Talleres y empieza a cantar. A disfrutar de la desgracia ajena, un recurso tan común como mediocre y triste que, paradójicamente, nos hace alegres. Que en Córdoba llevamos como bandera por falta de cosechas propias.

Fitito Romero descuenta con un zapatazo al ángulo y en la platea todos lo miran al gringo. “Para vos, culiao”, le gritan por hacerse el gracioso, mientras él devuelve una sonrisa. Igual no pasa más que eso. No hay lugar para las reacciones heroicas. El partido termina y la derrota casi que no duele. Las radios nos dicen que Aldosivi y Rafaela también perdieron y las ilusiones permanecen intactas. Esos mismos locutores nos cuentan que ya descendió Talleres y el conformismo vuelve a invadirnos. Hasta aplausos reciben los muchachos de Vitrola cuando se retiran.

Y es que, en Alta Córdoba, cayó la ficha. El hincha reconoció que este Instituto no es ni peor, ni mejor que el resto. Es un equipo más. Uno que todavía tiene chances de ascender, en medio de tanta malaria. Uno que duerme demasiado y que está cerca de derrochar el esfuerzo de un año entero en la última fecha, pero que todavía tiene vida matemática en el certamen.

Breve y sentido

Por maxipe.

Tribunales. Sede de uno de los partidos más importantes de la vida de Talleres.

Tribunales. Sede de uno de los partidos más importantes de la vida de Talleres.

Ponerme a escribir sobre el partido que empataron Quilmes y Talleres en la cancha del Cervecero carece de sentido por varias razones. La primera y principal es que la suerte del albiazul no se terminó de definir en el Centenario, sino en Lomas de Zamora, donde Los Andes le ganó 3 a 0 a Rafaela y se salvó del descenso directo condenando a los cordobeses y a Almagro. La segunda es que estar en un cumpleaños, hizo que sólo le pudiera prestar atención a la transmisión radial cuando el relator levantaba la voz y apuraba las palabras, clara señal de que hay peligro de gol.

Sí, es cierto lo que se dice en el párrafo anterior. Dice “condenando a los cordobeses”. Eso pasó, eso está pasando. Talleres jugará la próxima temporada el Torneo Argentino A. Creo que no queda parte de mi cuerpo que no haya pellizcado para comprobar que todo esto sea verdad y no producto de una pesadilla. Algún día nos iba a condenar esa maldita campaña de 26 puntos. Y ese día llegó el sábado pasado. Y la condena es jugar, al menos un año, en un torneo amateur.

Pero eso no es todo. La T descendió y no es lo más preocupante de esta historia. Hoy la situación más comprometida se está jugando a nivel institucional. Con una deuda que no se sabe si es de 20 o de 30 millones de pesos; con un juez que ahora se acuerda que hay que pagarla y amenaza con rematar el predio; con un gerenciador al que ya le dijeron que no sigue pero que insiste y dice tener un plan; con juveniles que se nos van y no vemos un peso, o muy pocos pesos; con una idea de la Liga Cordobesa para que los hinchas seamos los que pongamos el lomo y terminemos salvando una parte de la situación.

Y ahí estaremos los hinchas, para tratar de ayudar en lo que podamos y para alentar desde las tribunas cuando empiece la nueva etapa. Y recién ahí dejaremos de pellizcarnos. Ahí cuando nos toque debutar con Alumni de Villa María o con Estudiantes de Río Cuarto. Ahí nos daremos cuenta de lo bajo que caímos.

¿Será lo que tenía que pasar? ¿Será el fondo que había que tocar para tomar impulso? No lo sabemos. Sólo el tiempo tiene la respuesta. Lo que no debemos hacer es cometer el error que ya cometió Saporiti. No se puede salir a dos días del descenso a poner fecha de regreso y decir que en el 2012 estaremos en la máxima división. El primer paso es asumir la realidad que nos toca. El segundo es sanearse institucional y deportivamente. Y el tercero es la humildad. Simplemente arremangarse y laburar por los colores. Sin promesas ni venta indiscriminada de humo.

Así es el post de esta semana. Breve y sentido. Muy sentido. Y con la preocupación de lo que vendrá.

Foto: Flickr

Sobre el 13 de junio

Por gringo.

El sábado 13 de junio tres equipos de Córdoba Capital, tres voluntades, tres colores jugaron su partido. En Quilmes, Talleres puso las piernas en el césped y la oreja en otros dos encuentros que determinarían su suerte. Lamentablemente, en Alberdi y Alta Córdoba sucedió lo mismo. ¿Puedo hablar algo del partido de Belgrano?

El sábado 13 de junio Belgrano tenía que ganarle a un tibio Defensa y Justicia para asegurarse un lugar en la promoción; para estirar el campeonato, por lo menos, dos partidos más; para jugar por algo; para sentir que estas 37 fechas sirvieron para algo; para intentar escabullirnos en la Primera.

El sábado 13 de junio Belgrano empató cero a cero con un equipo chico, muy pequeño. Se puede decir que no jugamos a casi nada. Que tuvimos varias oportunidades para meter un gol. Que el arquero de ellos atajó bien. Que el árbitro fue un desastre pero que si erramos los goles a un metro de la línea, él no tiene nada que ver. Que las redes no se movieron. Que tendremos que confiar en el equipo jugando de visitante ante All Boys para ver si jugamos esa pseudofinal por el ascenso o si todo el “proceso” fue un fracaso.

El sábado 13 de junio la gente festejó. Nuestro partido no daba para nada, pero el de Los Andes sí, y el de Almagro también aunque ellos también perdieran la categoría. Yo también me agaché para escuchar el penal del nueve de Los Andes. Yo también lo grité, yo también festejé y canté. Es que en la cancha pasa eso. Tenés a veinte mil tipos al lado tuyo, con tu misma camiseta, que aplauden y se abrazan por algo y te sentís abrazado y querés cantar con ellos. Pero cuando el partido (el nuestro) terminó, mi garganta no tenía demasiada fuerza para celebrar. Nosotros, nosotros, no jugamos a nada y empatamos cero a cero. Ellos, los otros, se fueron al descenso.

El sábado 13 de junio los periodistas de todos los medios de Córdoba escribieron y dijeron muchísimas cosas. Repitieron hasta el hartazgo el título de un libro que probablemente nunca leyeron, “Crónica de una muerte anunciada”. Hablaron de responsabilidades, de culpables, de la(s) gloria(s) pasada(s), de jugadores buenos malos regulares malísimos. Hablaron de que el equipo no estuvo a la altura de las circunstancias, de los técnicos incapaces, de un juez, de un cordobésmejicano, de los anteriores gerenciadores, de los anteriores presidentes y de los hinchas. Se quisieron poner de su lado, manifestar que estaban con ellos, que los entienden, que son los únicos inocentes y víctimas de todo esto. Mentirosos. Nunca van a estar de ese lado, por la simple razón de que están en el otro. Ahora se ponen la ropa de ‘periodistas’, de profesionales comprometidos. Ahora señalan culpables. Ahora muestran sus rostros compungidos. Ahora, recién ahora. Nadie les cree, sépanlo. Porque ustedes saben y supieron siempre todo. Y ahora hablan. Cagones.

El sábado 13 de junio mi Belgrano no me regaló nada. Talleres tampoco.

El sábado 13 de junio, en el día de mi cumpleaños, no hay tanto para festejar. Estoy más viejo y un poco más triste por todo(s).

Las lágrimas, el nudo en la garganta y el aliento

Por maxipe.

Así lo sufrió Brasca. Así lo sufren los hinchas de la T.

Así lo sufrió Brasca. Así lo sufren los hinchas de la T.

 

¿Cómo escribir sobre lo que pasó el domingo en el Estadio Francisco “Paco” Cabacés cuando jugaron Talleres y Atlético de Tucumán? ¿Qué pasó realmente ese día? ¿Hace falta hablar del codazo de Salmerón? ¿Tiene sentido relatar que hasta esa agresión bien sancionada con tarjeta roja, el local los pasaba por arriba a los tucumanos y hasta les ganaba 1 a 0? ¿Suma en algo acotar que los visitantes lo dieron vuelta, golearon 4 a 1 y consiguieron el primer ascenso directo? ¿Habría que analizar las ínfimas chances que le quedan a la T para salvarse del descenso? ¿A alguien sorprendería el texto si alude a la inoperancia de la Policía de Córdoba que suspendió un partido por temor a que pase algo?

Pueden tenerse dos ópticas bien distintas del partido y las dos serán válidas. Si uno lo vio desde el palco de prensa (o desde el pedacito de platea que les dan a los periodistas en la Boutique), sentado, con una libretita para anotar situaciones, con la radio en el oído y con la planilla de jugadores en la mano, habrá visto el partido que responde a las preguntas del primer párrafo. Y puede contar que lo ganaba Talleres con gol de Fernández Francou y que bla, bla, bla…

Pero si uno más que ir a verlo, decidió ir a sufrirlo al partido desde la tribuna, ya sea la popular o la platea, se habrá llevado sensaciones totalmente distintas. Y es el partido que se jugó ahí, afuera de la línea de cal, del otro lado del alambrado. Y es el partido en el que no importaba el resultado, ni el ascenso, ni el descenso. Sólo importaba el amor incondicional a los colores.

Y en ese partido sí que los de barrio Jardín no perdieron el domingo. Sufrieron algunos goles en contra, eso sí. Como ese hincha idiota que tiró un hielaso, o uno que tiró una botella, o uno que se trepó al alambrado para meterse a la cancha, o ese otro que lo rompió con el mismo objetivo. Sí, a pesar de esos que nunca faltan, el público de Talleres ganó por goleada.

Entonces, desde esa mirada, en vez de hablar de los goles hablaríamos de los miles de hinchas que se acercaron a la cancha, la llenaron y recibieron al equipo como si pasara por su mejor momento. Y de los ojos llenos de lágrimas. Y del aliento. Porque así terminó la hinchada. Llorando el momento del club, pero alentando a morir. Alentando más que nunca, porque como dice la canción, “en las malas mucho más”. Y a todos se nos hacía un nudo en la garganta. Y los ojos llenos de lágrimas. Y el aliento.

Había que ver cómo ante cada gol de los tucumanos, el aliento era cada vez más ensordecedor. Y el nudo cada vez más grande. Y las lágrimas también. Había que estar ahí para sentirlo, contagiarse y demostrar ese amor por la camiseta. Había que ver también a los chicos del club, como Buffarini, Brasca y Godoy. Ellos lo sentían del lado de adentro pero como si estuvieran en la tribuna.

Eso pasó el domingo. Un partido de fútbol. Un equipo que lo ganaba. Un codazo. Un equipo que lo da vuelta, lo golea y se consagra. Otro equipo que se sigue hundiendo en el descenso directo. Y un público que demostró que sigue de pie. Y los ojos llenos de lágrimas. Y el nudo en la garganta. Y el aliento.

Foto: La Mañana de Córdoba.