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Patadas, penales y polémicas

Las niñas peleandosé.

Con mensajes de texto empezamos el clásico y con mensajes de texto lo terminamos.

El jueves a la tarde fueron y vinieron algunas líneas, algunas palabras abreviadas y sin acentos entre celular y celular. Algunos: “Adonde nos juntamos? Por el sist. d rotacion nos toca en lo d cardo, por cabala en lo del fede, por pito grande en la mia!”. “Nos juntemos temprano, va a haber mucha gente”. “Yo llevo un ferne”. “Como era para llegar a tu casa?”. Seguramente faltó un “puto” en cada uno de los mensajes que aquí transcribo desde mi memoria.

Comimos un asado peronista, conciliador de cortes y clases: aguja parrillera y molleja. Mucho pan y nada de ensaladas. Un asado de guasos, según dicen (decimos). Con el estómago lleno de todo partimos para Alberdi. Llegamos, como nunca, excesivamente temprano. Fuimos en busca de un porrón. Terminamos en Villa Páez, en un lugar histórico, un de esos bares del tiempo donde las paredes están adornadas de fotos de Rodrigo, cuadros de Belgrano, autógrafos de jugadores, y otras tantas historias más. Alguien me susurra por ahí que Rodrigo se pasaba varios días de la semana tomando cerveza con los comunes, como él, como todo el resto, como nosotros tres.

Entramos cantando, saltando con la murga, esquivando banderas, trompetas y bombos que salían de todos lados. Había color celeste en los cuatro costados. Todo muy bonito. Pero lo peor vino después: tipo 16.10 el árbitro pitó y empezó el partido.

No recuerdo muy bien cómo fue el desarrollo del juego. Me atrevo a decir que fue un partido horrible. Que lo mejor que pasó en los casi 100 minutos de juego fueron unos simulacros de trompadas, unos agarrones de nenas entre los jugadores, un par de llantos, puteadas, alguna que otra patadita y el gol de Belgrano obvio, porque el de Instituto fue un dolor de huevos.

La otra emoción negativa fue el penal errado por Pautasso. Recién aclaré que no recordaba muy bien cómo había sido el partido, pero sí recuerdo que mencioné varias veces la frase “Pautasso está haciendo todo mal”. El tipo se cansó de echar moco y lo coronó con un penal pateado para la mierda. Le puso un moño a su mediocridad. Encima al otro día abro el diario y leo las estadísticas: “hacía 48 partidos que a Belgrano no le cobraban un penal a favor”. Nos convienen los tiros libres y los corners…

Con la cabeza gacha, cantando por amor pero con desgano, fuimos saliendo del estadio. Al llegar al auto y sacar mis cosas veo un mensaje de texto: “Nos hecharon (el error de ortografía ya me hacía predecir la autoría del mensaje. Se escribe: echaron, de echar, expulsar, etc. Burro) hasta el aguatero y no pudieron ganar. MANGA DE PERROS”. El mensaje pertenece a mi primo, hincha o simpatizante de Instituto, dependiendo de la campaña. En ese momento me río, les comento a los chicos el mensaje mostrando mi sorpresa. Pienso en responderle, pero al final levanto los hombros y guardo el celular. A veces a los hijos es mejor dejar hablando solos.

Belgrano provoca ira

Belgrano provoca ira.

Hay algo difícil de explicar con palabras y por ende, muchas veces, se manifiesta en gestos. No es una casualidad que seamos siempre los más violentos en Córdoba. “No se aguantan perder”, dicen. Más vale que no nos aguantamos perder y espero que eso nunca suceda.

Belgrano provoca ira.

Todavía no terminó el partido. Ya apagué la radio. Nunca lo hago. Hoy sí. Perder 3 a 0 contra un equipo de mierda como Sportivo Italiano me provoca violencia. Si tan sólo fuese por este único partido. No. Esto viene hace cinco años. Prender la radio, apoyar la oreja al parlante y esperar… los goles del local, los comentarios de mierda de los relatores, ese gritito que llega, que se escucha de fondo, ese grito de gol de los cien pelotudos que van a ver a esos equipos de mierda, esas populares semivacías con cien pelotudos que se nos cagan de risa, cien pelotudos hinchas de equipos de mierda. La re mil puta madre que los parió.

Belgrano provoca ira.

Cada día me molesta más escuchar los partidos de mi equipo por la radio. Cada día odio más. Cada día, cada fecha, descreo de las palabras que me llegan, aunque estas se acerquen a la realidad. No importa. No les creo. Yo quiero ser el testigo de mis enojos. Ya no quiero la traducción periodística de los sucesivos fracasos de Belgrano. La re mil puta madre que los parió.

Belgrano provoca ira.

Mejor no sigo.

Prendo la radio.

De vuelta.

Al parecer en el momento justo.

Terminó el partido. Confirmo el patético tres a cero.

Mejor no sigo.

Belgrano provoca ira.

Gol Delorte

El partido era a las 8 de la noche. Los diarios lo decían así, la gente también. Pero TyC se encargó de demostrarnos una vez más que fútbol y televisión van de la mano como padre e hijo (dejando en claro quién ostenta la paternidad en esta gran familia).

A la hora consignada las pantallas de tv transmitían el emocionante partido entre Uruguay y Brasil del premundial de Básquet que se desarrollaba en Puerto Rico. Sentados en un bar, con una cerveza y sin radio, no nos quedó otra que esperar, ajustar el culo a la silla y que los minutos transcurrieran en total incertidumbre. Finalmente, a eso de las ocho y media, encontramos el partido en Bahía Blanca. Veinte minutos del primer tiempo: Olimpo cero, Belgrano cero. Por lo menos no íbamos perdiendo.

Ninguno de los dos equipos jugó bien y relator y comentarista se encargaron de repetirlo una y otra vez, pero siempre intensificaron su enojo con Belgrano. “Creo que los porteños de TyC odian a Belgrano”, me decía mi amigo Andrés mientras veíamos el partido. Puede ser; todos los hinchas de Córdoba sienten lo mismo.

Hay algo que no deja de sorprenderme. Belgrano tiene la capacidad de plantarse de visitante y hacer que todo el desarrollo del partido sea malo, malísimo. Nadie juega bien contra Belgrano. No sé qué extraño hechizo se produce pero todos los partidos de visitante son iguales: el conocido “dolor de ojos”.

Un compacto del partido mostrará más de media docenas de llegadas claras del visitante y algunas menos de Olimpo. Pero, ellos tuvieron un Delorte más grande que una casa, y de pelota parada ganaron el partido. Ninguno de los dos hizo lo debido para quedarse con los tres puntos pero ellos eran locales y pudieron ganar un típico partido de la B Nacional.

Mientras escribo estas líneas la noticia de la renuncia (¿o lo despidieron?) de Labruna ya tiene todo el peso de la certeza. Van tres fechas y hay olor a “cama”.

Ahora vendrá otro técnico.

¿Qué carajo puedo pensar de eso?