Archive for 31 mayo 2009|Monthly archive page

Otro más

Por Maxipe.

Mientras las matemáticas nos den chances, yo voy a tener fe.

– ¡Qué mierda pueden hacer las matemáticas, si ya no le ganamos ni a los que les conviene perder contra nosotros!

Hace rato que los hinchas de la T veníamos siendo calculadoradependientes. Cada día despertábamos y antes de prender el velador prendíamos la calculadora y chequeábamos posibilidades. Prendíamos el velador, nos vestíamos y de nuevo los cálculos y “si Los Andes saca 7 puntos”, “y si nosotros le ganamos a la CAI”. Íbamos a la parada del bondi y de nuevo la calculadora. Y las posibilidades. Ya en el laburo, mientras el jefe nos cagaba a pedos porque nos notaba distraídos, nosotros estábamos en nuestro mundo pensando “encima la próxima fecha Almagro juega con Los Andes, ¿qué resultado nos conviene?”.

Así estaban las calculadoras antes del partido contra la CAI

Así estaban las calculadoras antes del partido contra la CAI

Bueno, después del partido que Talleres empató 0 a 0 contra la Comisión de Actividades Infantiles en Comodoro Rivadavia, se empiezan a esfumar todo tipo de especulaciones. Es probable que algunos sigan confiando en esa gota de aire que dan los números. Pero una gran parte terminó de reventar contra la pared la esperanza y esa calculadora de la que no nos podíamos despegar.

El mismo destino que la calculadora habrá tenido la radio. Esa que no sólo nos transmitía apenas en los ratos en que otro partido no estaba tan interesante, sino que nos decía “final en Lomas de Zamora, Los Andes le ganó 2 a 1 a San Martín de San Juan”. Para colmo en ese partido que dejaba en un segundo plano el nuestro, Instituto no nos ayudaba y empataba con Almagro.

“Terminó el partido en Comodoro Rivadavia, un Talleres sin ideas igualó en cero…” se escuchaba y no queríamos saber más nada. Chau calculadora, chau radio, chau matemáticas. Para poder confiar en los números, se necesita un equipo que transmita. Que transmita ganas, compromiso, vergüenza deportiva, orgullo. ¿Tan poco habrán transmitido los albiazules en el sur, que casi ni los transmitieron en la radio?

Otro empate que resta más de lo que suma. Otra fecha en la que no se nos da ni un resultado a favor. Otro paso más hacia lo que nadie quiere nombrar pero que cada vez más, es una realidad. Otro hincha más que dialoga consigo mismo y no se decide, o creer en los milagros o resignarse.

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El partido, 22 escalones arriba

Por Gringo.
¿Cuántos hinchas se sintieron presentes en ese festejo de los jugadores?

¿Cuántos hinchas se sintieron presentes en ese festejo de los jugadores?

Hace unos años, me recuerdo sentado en una tribuna semivacía cortando papeles, esperando que el tiempo fluya y que el partido comience. Mi amigo Germán me acompañaba aquella noche y entre charla y charla me sintetizó mucho de lo que yo sentía: “el fútbol se analiza desde el costado de la cancha y se siente desde atrás del arco”. Algo de eso sentirán los que se paran, partido a partido, en las populares del país.

La crónica dura dirá que Belgrano jugó mal, otra vez. Que volvió a ganar con mucha “fortuna”, otra vez. Que el equipo no estuvo a la altura de las circunstancias, otra vez. Que jugando así va a ser muy difícil que pueda pelear por el ascenso, otra vez más.

No hay mentiras en ninguna de esas afirmaciones. El hincha no necesita leer el diario, escucharlo a Brizuela o mirar Deportes en Marcha para darse cuenta que este Belgrano no es el mejor. Las preguntas que quedan flotando son, entonces: ¿por qué está tercero? ¿Cómo hizo para ganar tantos partidos? ¿Por qué tenemos 60 puntos y 17 equipos por debajo? ¿Cómo hicimos para ganarle a Rafaela?

El jueves por la noche pasaron cosas dignas de otras épocas: después de mucho tiempo Belgrano dio vuelta un partido y jugando de local, de cara a la gente. Con un poco de memoria uno puede identificar una triste coherencia de juego de los últimos procesos, sin importar el nombre del técnico sentado en el banco. Planteos amarretes, defensivos, irrespetuosos de una historia que pide otra cosa. Hace años que los equipos juegan poco y nada, que los jugadores arrastran las piernas por el piso, que la pelota vuela por los aires y nadie se anima a pararla, levantar la cabeza y jugar. Jugar. El verbo parece pertenecer a otra época. Por eso, en medio de toda esta continuidad de mediocridad, el hecho de que Belgrano haya dado vuelta un partido, hizo estallar el corazón de todos los hinchas.

Después de las patéticas derrotas contra Platense y Almagro, había que ganarle a Atlético Rafaela sí o sí; por esa cosa de los trenes perdidos, los barcos que zarpan, las oportunidades perdidas y la historia que no queríamos repetir de quedarnos siempre a mitad de camino.

Íbamos perdiendo con todo éxito, nos tocaban la pelota en nuestra propia cancha, no generábamos nada en el arco contrario y los visitantes amenazaban con golearnos en cada contra. Pero algo raro pasó. Pateamos un corner, cabeceó Novaretti (a mi entender el mejor jugador de Belgrano, el más regular y con más corazón), la empujó Berza para el empate y gracias a dios que dos cabezazos en el área es gol. El punto, ante la inminente derrota, servía para calmar un poco las tristezas. La gente jugó su partido y aunque la frase suene trillada y sacada de algún cassette, todos los que fueron al estadio “Julio César Villagra” (más conocido como Gigante de Alberdi) sintieron que sus gargantas ayudaron a torcer el resultado.

Porque cuando el partido se moría, Soriano peleó una pelota dividida, la tocó para adelante y sorprendentemente le quedó al pibe Vázquez, con cancha para correr y toda la defensa de Rafaela mal parada. Avanzó y definió a la derecha del arquero. Gol. Gol. Gol. Gol. Gol. Y gol. Fueron casi sesenta segundos de un grito de gol, gol y gol. Fue un desahogo. Fue fiesta. Fue verdad. Fue respetar el canto del hincha: “sé que con esta hinchada no nos queda otra que salir campeón. Y que los jugadores jueguen en la cancha como aliento yo, con el corazón”. Fueron tres puntos. Fue sentir que éramos lo que siempre fuimos, aunque fuera por un ratito nomás.

Foto: DiaaDia.com.ar